Estudios se enfocan en los efectos de un ingrediente de pienso en los niveles de E. coli en el ganado bovino
Por Marcia Wood
19 de mayo de 2011
Después del procesamiento del maíz para producir etanol, los sobrantes del maíz son semejantes a la harina de maíz con un color más oscuro y un grano menos fino. Conocido como los granos húmedos de destilería con solubles (WDGS por sus siglas en inglés), este subproducto se usa como un ingrediente en el pienso para el ganado bovino. Científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) están estudiando los pros y contras de esa práctica.
Los WDGS son ricos en proteína, y también proveen calorías y minerales, según microbiólogo James E. Wells con el ARS. Desde el 2007, los científicos del ARS han estudiado los WDGS en el Centro Estadounidense Roman L. Hruska de Investigación de Animales para Carne mantenido por el ARS en Clay Center, Nebraska.
Wells ha dirigido estudios para investigar la relación entre el uso de WDGS en el pienso y la frecuencia y persistencia de las bacterias Escherichia coli O157:H7 en el estiércol del ganado bovino y en su cuero.
El ganado bovino es una fuente natural de E. coli. Aunque el microbio no perjudica los animales, puede causar enfermedad en los seres humanos. E. coli en el estiércol puede infectar o reinfectar los animales en pastizales o en corrales de engorde; si E. coli infecta los cueros, podría contaminar la carne y el equipo en las plantas empacadoras.
En experimentos con 608 bueyes, Wells y sus colegas en Clay Center mostraron que la frecuencia y los niveles de E. coli O157:H7 en el estiércol, y la frecuencia de la bacteria en los cueros, fueron significativamente más altas en los animales que consumieron una dieta a base de maíz junto con el 40 por ciento WDGS comparados con los animales que no consumieron los WDGS.
Wells, líder de investigación Tommy L. Wheeler, tecnólogo de alimentos Steven D. Shackelford, microbiólogos Elaine D. Berry y Norasak Kalchayanand, y otros colegas en Clay Center publicaron algunos de sus resultados en un artículo en 'Journal of Food Protection' (Revista de la Protección de Alimentos) en el 2009. Las investigaciones fueron patrocinadas en parte por el programa 'Beef Checkoff' que utiliza contribuciones de productores de carne de res en EE.UU. e importadores de carne de res para promover y patrocinar tales investigaciones.
En estudios adicionales, los investigadores quieren determinar la causa de las diferencias en los niveles de E. coli, y descubrir métodos de reducir esos niveles.
ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés), y esta investigación apoya la prioridad del USDA de aumentar la seguridad alimentaria.

Microbiólogo James E. Wells y sus colegas con el ARS están determinando el impacto de la utilización de los granos húmedos de destilería con solubles como un ingrediente en el pienso con relación a los niveles de la bacteria E. coli O157:H7 en el estiércol y el cuero del ganado bovino.
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Calculando la densidad de carga de ganado basado en el tiempo y el clima
Por Don Comis 29 de marzo de 2011
Los rancheros en la parte central de la Zona de las Praderas en EE.UU. algún día podrían usar los días del invierno para ensayar la temporada de producción del próximo año, según científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS).
Los rancheros podrán utilizar el modelo de computadora llamado GPFARM-Range (Armazón de la Zona de las Praderas para el manejo de recursos agrícolas) para determinar la densidad de carga de ganado bovino o ganado ovino para la producción sostenible en las praderas. Científicos del suelo Gale Dunn y Laj Ahuja con el ARS están probando el modelo en múltiples sitios para asegurar la utilidad del modelo en todas áreas de la parte central de la Zona de las Praderas.
Dunn y Ahuja trabajan en la Unidad de Investigación de Sistemas Agrícolas mantenida por el ARS en Fort Collins, Colorado. ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés), y esta investigación apoya la prioridad del USDA de promover la sostenibilidad agrícola.
El modelo les permitirá a los rancheros a probar varias situaciones dependiendo de los rendimientos de forraje y los aumentos de peso del ganado bovino y otro ganado bajo varias situaciones del tiempo y la densidad de carga de ganado. La variabilidad alta de las precipitaciones en ese área hace difícil seleccionar la densidad de carga para proveer el mejor equilibrio entre los factores económicos y la sostenibilidad de los pastoreos.
Utilizando los pronósticos estacionales del Servicio Meteorológico Nacional, los rancheros podrán estimar si las precipitaciones en la próxima estación serán normales o más o menos que la cantidad normal.
GPFARM-RANGE es entre unos pocos modelos de computadora relacionados con las praderas que tienen la capacidad de tomar en consideración los efectos del cambio climático en seleccionar la densidad de carga de animales en los pastoreos, prediciendo la reacción de las plantas de forraje a los niveles aumentados del dióxido de carbono y las temperaturas más altas.
El modelo fue desarrollado y probado originariamente en Cheyenne, Wyoming.
Las pruebas más recientes del modelo fueron en pastizales con el ganado ovino en Miles City, Montana, y en pastizales con el ganado bovino en Fort Supply cerca de Woodward, Oklahoma. La prueba en Oklahoma mostró la necesidad de tener en cuenta las pérdidas de rendimientos de forraje debido a la compresión del suelo con un número más alto de animales en el terreno. Los resultados de las pruebas fueron publicados en la revista 'Rangeland Ecology and Management' (Ecología y Manejo de las Praderas).
Lea más sobre esta investigación en la revista 'Agricultural Research' de marzo del 2011.
Se puede obtener un disco compacto de GPFARM-Range enviando con enviar una solicitud a: GPSR_Email@ars.usda.gov.

Rancheros en la parte central de la Zona de las Praderas pueden usar un modelo de computadora desarrollado por científicos del ARS para determinar la sostenibilidad de diferentes densidades de carga de ganado bovino o ganado ovino en sus terrenos semiáridos.
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La cero labranza mejora la estabilidad del suelo
Don Comis
11 de mayo de 2010
Un estudio realizado por científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) y sus colegas universitarios en las Grandes Llanuras sobre los efectos de más de 19 años de varias prácticas de labranza ha mostrado que la cero labranza provee más estabilidad del suelo comparada con la labranza convencional.
El estudio fue dirigido por Maysoon Mikha de en la Estación de Investigación de las Grandes Llanuras Centrales mantenida por el ARS en Akron, Colorado, y Humberto Blanco-Canqui de la Universidad Estatal de Kansas en Hays. Investigadores Joe Benjamin y Merle Vigil con el ARS en Akron fueron miembros del grupo de investigación que estudió cuatro sitios en las Grandes Llanuras: Akron; Hays y Tribune, Kansas; y la Universidad de Nebraska en Sidney.
La cero labranza almacena más carbono en el suelo. Este carbono ayuda a pegar las partículas del suelo, reduciendo hasta siete veces la vulnerabilidad de la pulgada superior del suelo a la fuerza destructora de las gotas de lluvia.
La estructura de estos conglomerados en la primera pulgada de la capa superficial del suelo es la primera línea de defensa contra la erosión del suelo por agua o por el viento. Entender la resistencia de estos conglomerados a las fuerzas erosivas de la lluvia y del viento es imprescindible en evaluar la vulnerabilidad del suelo a la erosión.
Esto es especialmente importante en las regiones semiáridas tales como las Grandes Llanuras, donde niveles bajos de precipitaciones, una tasa alta de evaporación, y la variabilidad de rendimientos pueden reaccionar con la labranza intensiva para alterar las propiedades de los conglomerados y los niveles de la materia orgánica del suelo.
La labranza disminuye la resistencia del suelo al rompimiento por las gotas de lluvia porque los terrones se rompen y la materia orgánica del suelo se pierde por oxidación cuando las partículas del suelo se exponen al aire.
Los resultados de esta investigación fueron publicados en un número reciente de la revista 'Soil Science Society of America Journal' (Revista de la Sociedad Americana de la Ciencia del Suelo).
ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU.
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El valor sorprendente de un forraje olvidado
Don Comis
15 de marzo de 2011
Un científico del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) ha descubierto de nuevo un forraje olvidado que podría ser muy útil en los sistemas del pastoreo rotacional intensivo usados hoy en día.
Como resultado de información provista por un agricultor sobre un forraje inusual, genetista Michael Casler con el Centro Estadounidense de Forraje de Vacas Lecheras mantenido por el ARS en Madison, Wisconsin, identificó el forraje como la festuca de los prados. Esta festuca es un césped de hace muchos años y fue muy popular antes de la introducción de la festuca alta hace 50 o 60 años.
ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés).
Casler ha desarrollado una nueva variedad de la festuca de los prados. Ahora los criadores de plantas están produciendo semillas de esta nueva variedad llamada 'Hidden Valley' para lanzamiento en el futuro.
Algunos hongos no tóxicos llamados endófitos viven dentro de la festuca de los prados, ayudando a la planta a sobrevivir las temperaturas altas, la sequía, y los insectos plagas. Diferente de los endófitos tóxicos que viven en muchas variedades comerciales de la festuca alta y la ballica, la festuca de los prados no intoxican el ganado.
Charles Opitz encontró el forraje en la sombra de una sabana de robles en su granja lechera cerca del pueblo de Mineral Point, Wisconsin. Él dice que las vacas les gustan consumir el forraje y ellas producen más leche después de comerlo. Casler usó los marcadores genéticos del ADN para identificar el forraje descubierto por Opitz.
La festuca de los prados tolera las temperaturas frías y es muy persistente. Este césped emergió de los refugios de sabanas de robles para dominar muchos pastizales en el área 'driftless' en el Medio Oeste de EE.UU. donde no hay los sedimentos dejados por el movimiento de los glaciares continentales.
Casler y sus colegas han encontrado esta festuca en más de 300 granjas en el área 'driftless' en Wisconsin, Iowa y Minnesota. Geoffrey Brink, quien es agrónomo trabajando con Casler, descubrió que la festuca de los prados tiene del 4 por ciento al 7 por ciento más digestibilidad que los otros forrajes de temporada fría en EE.UU.
En otro estudio, investigadores mostraron que la festuca de los prados es más nutritiva que la festuca alta o el pasto ovillo, y esta calidad podría compensar sus rendimientos un poco más bajos en los estados del norte, como descrito en 'Agronomy Journal' (Revista de Agronomía). También, es posible que el déficit en rendimientos sea menos importante en un sistema del pastoreo rotacional intensivo.

Meadow fescue, Schedonorus pratensis
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Reflexiones sobre el Manejo ecológico de los suelos
Angel Leyva Galán*
Mientras intentaba iniciar la escritura de estas notas y así participar en este fraterno y singular encuentro en calidad de presente ausente, recordaba mi infancia de niño campesino lleno de sueños. Casi todas las tardes, antes de caer el crepúsculo solía visitar un potrero aledaño, diseñado para ganado vacuno. Me acostaba sobre la hierba fina, que crecía vigorosa, y al lado una guásima tupida; árbol majestuoso y perenne (siempre verde) cuyos frutos, apetecibles al ganado, me servían de pizarra numérica para contar los años que me faltaban para crecer, y lograr los sueños de viajar, y estudiar pintura o música y llegar a ser un artista famoso y regresar con los honores del conocimiento que me permitirían vivir lo sublime de la fama, y abrir el camino, que destrozaría la pobreza que nos embargaba.
Luego, el destino se encargó de ponerme en el sitio menos pensado, estudiar agronomía. Y no estudié pintura, y pasaron los años, y después de visitar varios países, ricos y pobres, he sido protagonista de mi verdadera leyenda personal, que ha estado precisamente entre los animales, las plantas, el suelo y el lugar de de mis primeros sueños. Si hubiese sabido que ese sería mi destino, habría aprendido mucho más de la sabiduría de mi abuelo, maestro en la protección del suelo. ¡Jamás intentó usar el fuego para quemar los residuos orgánicos, los cuales ordenaba cuidadosamente después de cada cosecha, para que se produjera su transformación, de beneficio para la venidera!
Esa experiencia me hizo reflexionar más tarde "El tiempo empleado tratando de imbricar lo que iba ser mi futuro, me privó de aprovechar mejor mi presente; es decir, mi futuro"
Ya andando en el camino de la agronomía, conocí que había existido un químico Alemán llamado Justus von Liebig, que a principios de la segunda mitad del siglo XIX, logró cambiar el curso de la historia de la agricultura cuando demostró con sus investigaciones, que las plantas se alimentaban de elementos químicos y no de partículas de materia orgánica, como hasta entonces se pensaba. Así con sus 50 propuestas y sus tres leyes famosas (la Ley del mínimo, la de los rendimientos decrecientes y nutrición por solubilidad) lo convirtieron en ídolo de Münich, y casi Dios de la agricultura mundial y a pesar que se dice que Masanobu Fukuoka en su libro, sobre agricultura natural, destroza sus teorías agroquímicas, todavía se reconocen sus aportes con total vigencia, aún cuando antes de morir, este Premio Novel alemán, expresó ante Dios su arrepentimiento, por haber pecado, pensando que había encontrado el eslabón perdido de la creación.
La confusión de Liebig convertida en confesión en su lecho de muerte, estuvo en su desconocimiento sobre la bioestructura del suelo, que es un ente vivo y no un sustrato abiótico, que se compone de un variado grupo de organismos que incluyen virus microscópicos, bacterias, hongos y protozoos, artrópodos, lombrices, entre otros y que a medida que aumenta el tamaño de los organismos, disminuye su densidad poblacional en el suelo. (Se ha calculado que por cada m2 existen alrededor de 1.014 bacterias, 109 hongos, 107 nemátodos, y 102 lombrices. Estos organismos, junto al agua y ayudados por las altas temperaturas, están responsabilizados con la transformación de la biomasa en humus siempre que sea una biomasa con elevada carga de lignina como los árboles adultos poáceas otambién conocidas como gramíneas (plantas de hojas estrechas y un solo cotiledón en sus semillas), pero si son leguminosas, es decir, biomasa poco ligninosa (plantas de hojas trifoliadas y dos cotiledones en sus semillas) se caracterizan por poseer en su composición una relación C:N baja y entonces los microorganismos simplemente la trasforman en elementos nutricionales, y no llegan a formar humus o lo que es lo mismo, su descomposición es rápida, (30 días en el trópico) y entonces sirven como abonos verdes, para el suelo, al poner a disposición de cualquier cultivo, los elementos de la composición estructural de dichas plantas, generalmente ricas en Nitrógeno).
Pero indudablemente los aportes de Liebig ayudaron a resolver parte de los problemas europeos generados por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, donde se incrementó la producción de trigo de 700 millones de toneladas en 1950, a 1800 en 1955, Gracias a la magia de los fertilizantes, los herbicidas y plaguicidas, algunos de los cuales como el herbicida Diclorofenoxiacético (2-4 D) ayer catalogado Novel, hoy está proscrito a escala mundial por poseer efectos carcinógenos.
El auge del modernismo industrial, con los agroquímicos, tóxicos, por intereses económicos, conformó una receta única del desarrollo agrario, que ha destrozado nuestros recursos naturales. Ese gran impacto, impidió escuchar otros mensajes menos escadalosos pero más armónicos con la naturaleza como el de Steiner, (1861 – 1925) o el de Howard, o Rodale, Mokita Okada, Schumacher, Claude Aubert, entre otros. Pero lo cierto es que hoy estamos aparentemente encerrados, sin encontrar la salida, porque esas políticas agrarias se han transportado en el tiempo hasta nuestros días, tocando diariamente las puertas de cada una de nuestras casas, a través de los medios masivos de comunicación.
¿Cómo cambiar esas políticas?
Para dar respuesta a esta pregunta, primero hay que recordar, que el suelo es uno de los recursos naturales más importantes y que su protección depende de nosotros mismos (Un suelo agrícola para ser considerado óptimo, debe poseer 45 % de minerales 25% de aire, 25% de agua y 5% de Materia Orgánica. Las galerías que hace la macrofauna del suelo, como las lombrices y hormigas, junto a los espacios dejados por las raíces de plantas que mueren al culminar su ciclo, ayudan a mantener aireados los suelos, a la vez que facilita la circulación del agua para evitar encharcamiento por compactación y desplazamiento interior del aire necesario).
Por Ana Primavesi (Brasil, 1980) supe que los bosques jugaban un papel atrayente de las lluvias, al jugar la función de termostato del planeta, como regulador de las elevadas temperaturas que emanan de la tierra por evapo transpiración, lo que facilita que las nubes livianas precipiten. Donde no hay bosque la temperatura del aire se eleva y las nubes suben, por lo que deben ser muy pesadas para que puedan precipitar.
Pero quizás lo más importante es conocer el papel determinante que juega sobre la calidad de los suelos, la Materia Orgánica.
Cada cosecha exige la reposición de los elementos extraídos del suelo y que se fuga como alimento humano o animal
La Ley del mínimo de Liebig, refiere que "los rendimientos de un cultivo estarán limitados por el elemento nutricional que se encuentre en su mínima disponibilidad." Por lo que para fortalecer sus propuestas, recomendó el uso de abonos verdes y las rotaciones de los cultivos, para así compensar las exportaciones de los elementos nutricionales del suelo, a través las cosechas e impedir el agotamiento prematuro de la fertilidad total de todos los elementos presentes en el suelo.
Todo eso es cierto, pero Liebig desconocía totalmente la microbiología del suelo. Ese desconocimiento durante su período floreciente, soslayó la promoción oportuna de algunos descubrimientos vitales, como alternativas sanas para preservar la bioestructura de los suelos y la nutricional de las plantas por medio de bacterias fijadoras del Nitrógeno aéreo y hongos facilitadores de la transportación de nutrientes a las plantas. (El Rizobium, bacteria que juega el papel de fertilizante natural, fijador de todo el Nitrógeno que necesitan las leguminosas, fue descubierto a finales del siglo XIX
El Azotobacter bacteria estimuladora del crecimiento vegetal, fue descubierto en 1901
Azospirillum juega un determinante papel como facilitar de la nutrición de las poáceas o gramíneas descubierto por bejerinky en 1925
Los hongos Micorrizógenos como agentes facilitadores de la transportación de nutrientes y agua al interior de las plantas, cuando estos se encuentran incluso en condiciones de insolubilidad, fue descubierto en 1927).
Reflexión...
No basta con el conocimiento profundo de un tema, la diversidad del conocimiento de muchos temas, nos acerca más a lo cierto. Por ello, trabajar en equipos podría ser el camino.
Desde luego, todos los microorganismos se desarrollan naturalmente en el suelo, si no son perturbados, (quemados, intervenidos) por eso, los macro y microorganismos, habitan en mayor cuantía en los suelos boscosos, que hoy se destruyen a un ritmo de 15 a 20 millones de hectáreas por año, para introducir después de tres (3) a cuatro (4) cosechas, la ganadería vacuna, para satisfacer nuestros insaciables estómagos, más allá de nuestras necesidades, a cuenta y riesgo de la salud, y de las capacidades potenciales de los suelos y de nosotros mismos.
Un vacuno adulto consume diariamente 15 kg de Materia Seca, (MS) mientras que un ser humano en promedio consume diariamente 1.5 kg de alimentos, equivalente a unos 400 – 500 g de Materia Seca. Por otra parte un vacuno adulto para carne consume unos 200 litros de agua mientras un humano, sólo entre 2.5 a 3 litros diarios
Una hectárea de suelo dedicada a huertos (no intensivo) puede producir al año, 150 toneladas de vegetales; dedicada a potrero para vacuno produce entre 12 y 15 toneladas de biomasa, por año, por lo que sólo soporta dos cabezas por cada hectárea a un 80% de la producción total. Cuando los suelos sufren sobre pastoreo (mas carga de animales/hectárea que la biomasa que se puede producir, se estará destruyendo el suelo por compactación (menos aire, menos agua) y por falta de incorporación al suelo de suficiente biomasa para restituir la Materia Orgánica (los animales sólo devuelven el 40% de lo que consumen) y finalmente se pierde su bioestructura por déficit de microorganismos. ¿Podrán resistir nuestros suelos tanto maltrato?
Reflexión...
Si queremos ser protagonistas de la protección de nuestros suelos debemos hacer más en el presente, para asegurar el futuro.
Aunque hay que señalar que no se trata sólo del ganado vacuno, hay que revisarlo todo, los hábitos monoconsumistas, en general dañan más los recursos naturales que la capacidad de enmienda que actualmente poseemos para restaurarlos.
Las reflexiones sobre cómo mejorar la fertilidad de los suelos o cómo restaurar la fertilidad de los suelos, va más allá del uso de las diferentes vías y alterativas existentes, cuyo análisis requiere del intercambio técnico y prácticas in situ sobre diferentes temas como, Biocompostas, lombricomposta, rotación de cultivos, policultivos, oligosacarinas, abonos verdes, alelopatía, biofertilización, arropes y sistemas agroforestales, entre otros, los cuales son abordados, en casi todos los libros.
Los sistemas de producción que defendemos, se estructuran sobre la base de la diversidad funcional en sus componentes vegetales y de cría animal, logrando también amplia diversidad de salidas, en productos y servicios, lo cual propicia fortalecer su autosuficiencia interna en alimentos y potenciar su grado de resiliencia o capacidad para auto recuperarse ante las adversidades del clima, o de otro tipo de perturbación, mientras se accede a nuevos canales de comercialización con rubros de mayor calidad.(orgánicos).
Pero los suelos no resisten tanto maltrato, sobre todo, para complacer hábitos inadecuados. Pero no hay que ser exagerados y mucho menos extremistas, a veces no somos culpables de nuestros hábitos de consumo y por otra parte tenemos el derecho de consumir lo que más nos place, pero lo que si debemos reflexionar sobre el tema y pensar que estamos en el deber de educar a las nuevas generaciones, en un consumo más diversificado y sobre todo de lo que menos dañe a nuestros suelos, y nuestra propia figura humana. Consumir más frutas y vegetales será una de las tareas del futuro para evitar severos daños a los agroecosistemas
Reflexión...
Si lográramos incorporar desde ahora a nuestras dietas y a la de nuestras familias una mayor diversidad de opciones alimenticias, y tratáramos de consumir lo que realmente necesitamos, estaríamos comenzando a contribuir modestamente a la protección y manejo agroecológico de los suelos.
Sólo el intercambio abierto, franco y respetuoso, entre actores, facilitadores y decisores (productores, científicos, técnicos y gobernantes) permitirá conocer las razones de nuestra preocupación.
* Instituto Nacional de Ciencias Agrícola
La Habana, Cuba
luleyva23@yahoo.es
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Filosofía de lo orgánico
Christian Geradon
Revista Vinculando: http://vinculando.org
Con frecuencia, se hace la referencia al heterogéneo grupo de "los orgánicos" (formado por productores micro, medio y grandes, tenderos, procesadores, intermediarios, certificadores, asesores, investigadores, comunicadores y también consumidores), como un subsector de la producción agrícola, apuntando hacia un mercado específico, el que, como se ha repetido, crece en forma muy dinámica, tanto en el interior como en exportaciones. Lo anterior es absolutamente cierto, y nos alegramos de ello, pero es sólo una parte de la realidad, la fracción visible del iceberg, la que se sustenta sobre una realidad tan oculta a la vista como imprescindible a la flotabilidad del conjunto.
Para empezar, no todos estamos conformes con quedarnos con el sólo "subsector", enfocando sólo las oportunidades comerciales de la actividad. Los que nos consideramos pioneros de lo sustentable estamos trazando un camino que no debe terminar en los estantes del Súper, sino idealmente está destinado a rectificar en todo el mundo los sistemas de producción, es decir dar una inflexión a la relación hombre-ambiente, a la historia agraria y a la sustentabilidad de nuestra civilización, es decir permitir permanecer algún tiempo más como la especie más notable de nuestro planeta.
¿Utopía? Precisamente, la utopía es el punto hacia donde nos dirigimos; no confundamos utopía con fantasía. Fantasía es creer, por ejemplo, que las leyes del libre mercado tendrán por efecto la nivelación de los ingresos y la disminución de las miserias humanas.
El producto convencional cuesta más que su equivalente orgánico, y no al revés. ¿sorprendidos? Desde el momento en que incluyamos en la ecuación los costos totales, ambientales y sociales, inmediatos y diferidos, el producto convencional resulta sumamente costoso. ¿Cuánto cuesta el aumento de la tasa de cáncer, de alergias, de diabetes? ¿Cuánto cuesta el éxodo rural, fomentado por la concentración industrial de las producciones? ¿Cuánto cuesta la erosión, el encontrarnos sin petróleo, el calentamiento global, el avasallamiento a las corporaciones, la dependencia alimentaria? ¿Cuánto cuesta no saber de dónde proviene tu comida?
La agricultura orgánica puede ser -se ha comprobado repetidamente- notablemente más productiva que la más avanzada de las convencionales. La sabia combinación de cultivos acompañando una correcta administración de la microflora del suelo lleva a sistemas realmente muy performantes, tal como ha ocurrido con la labranza mínima, cuyos resultados a largo plazo rebasan con creces el clásico roturar profundo.
La afirmación de que la agricultura orgánica es incapaz de alimentar al mundo del futuro es tan falsa como la de pretender que agroquímicos y transgénicos van a acabar con el hambre. Por buena y simple lógica, un sistema altamente eficiente en términos ecológicos, sociales, energéticos, está llamado a reemplazar a otro que lo es menos, siempre y cuando se aplique cabalmente el principio de "quien contamina paga". De momento, la cuenta ambiental y social pasa a nuestros descendientes, mientras la de la certificación la cubrimos los que no contaminamos. Mundo al revés, como diría Eduardo Galeano.
Brevemente sobre la certificación: si este acompañamiento puede efectivamente mejorar la calidad de los procesos y productos y garantizar al consumidor la conformidad a las normas vigentes, la certificación es necesaria, y debería ser motivo de alguna clase de subsidio por ser de utilidad pública; pero ninguna certificación reemplaza la ética que debe estar en la base del edificio, sólo puede encausarla. La imagen además de, no en lugar de, la sustancia.
Una persona medianamente informada concibe la agricultura orgánica como una agricultura sin agroquímicos ni transgénicos: sin ser falsa esta afirmación, ésta no es de ninguna manera una definición: sería como definir una bicicleta como una moto sin motor, cuando la bicicleta estuvo primero, y cuando esta presunta definición no pasa de ser una analogía. La definición y los principios de la agricultura orgánica fueron ampliamente discutidos y disponibles en las páginas de IFOAM, entre otras; de los debates que surgieron, no exentos de posiciones encontradas y sabrosas polémicas, quedó claro que lo orgánico es ante todo sustentable; y por serlo, cuida el ecosistema; y por cuidarlo, prescinde de substancias ajenas a los mismos, como son los químicos de síntesis. Lo último deriva de lo primero, y no al revés.
Las preocupaciones por el calentamiento global del planeta cuestionan muy seriamente algunos aspectos del comercio internacional, y esta discusión debería llegar pronto a los foros orgánicos; las extravagantes distancias que tienen que recorrer nuestros alimentos para llegar a nuestra mesa, estandarizados, empacados y despersonalizados, implican un gasto de energía fósil fácilmente prescindible al enfocarnos más en el todavía muy posible abasto regional, totalmente factible en un país que cuenta con todos los climas, todos los cultivos todo el año, todavía toda la herencia tecnológica, toda la mano de obra y todo el capital (aunque entretenido en otros sectores más inmediatamente rentables). En este sentido, necesitamos ocuparnos seriamente del problema, aunque aún decepcionando a algunos, debemos reconocer que no forzosamente se gasta más energía por tonelada en un transporte marítimo de Shanghai a Manzanillo que en el terrestre de Manzanillo a México, D.F.
Paralelamente a este tema, el uso inmoderado de envases desechables, elitismos en el consumo, sobreénfasis en la imagen, abusos publicitarios, embonan mal en el espíritu de lo sostenible, que nos anima como orgánicos. Cierta moderación, austeridad y parcimonia siempre ha acompañado las economías equilibradas, las agriculturas sanas, los métodos sustentables.
Necesitamos revisar algunos conceptos, como el del valor añadido, sobre todo cuando se llega a considerar más valioso un producto que haya sufrido el mayor número de transformaciones (alteraciones), empacado en mayor cantidad de plásticos y cartones, y que haya recorrido mayor cantidad de kilómetros (aunque para el caso, los llamemos millas). La mercadotecnia no considera la utilidad de tal o cual producto, sino si alguien esta dispuesto a comprarlo ¡aún siendo perfectamente innecesario!
Más concretamente tocando la realidad de la producción orgánica, esta el tema de la eficiencia termodinámica de nuestros procesos. Se ha visto que los supuestamente eficientes sistemas masivos de producción -ejemplo clásico, la "corn-belt" estadounidense- tienen en cambio una eficiencia negativa en el uso de los combustibles fósiles, es decir, que usan más calorías de petróleo de las que producen en el alimento; este factor se agrava al considerar las calorías de transporte, del empaque, de la refrigeración, y aún la gasolina del coche del consumidor al supermercado, hasta tal punto que algunos alimentos gastan más de 100 calorías fósiles en el proceso por cada caloría de almidón. No perdamos de vista que la agricultura consiste, después de todo, en capturar energía solar (gratuita en el origen), la que se almacena en forma bioquímica mediante la fotosíntesis constituyendo desde entonces nuestros alimentos.
Probablemente haya en algún momento una certificación de eficiencia energética, o certificado labranza por yunta de bueyes. Pero por el momento, no consideramos sano que proliferen en el sector demasiadas certificaciones que nos estresen administrativamente, nos despeguen del surco, y favorezcan la gran empresa en detrimento de la escala familiar. Tampoco regalías, patentes, exclusividades, franquicias, publicidad, concesiones, que son principalmente elementos de la economía dominante que nos esta llevando a un callejón sin salida.
La aplicación de armas de destrucción masiva para solucionar conflictos entre especies (la nuestra y las plagas) es una forma de violencia extrema, por demás innecesaria, cuando los métodos orgánicos surten un efecto más duradero. Existe una analogía entre la visión ecológica de abordar la cuestión, y la posición de Gandhi al implementar ahimsa y satyagraha, nacidas de una profunda compasión. ¿Podemos como agricultores intervenir los ecosistemas sin compasión? ¿Podemos respetar la naturaleza sin sentir reverencia por ella, sin sentirnos parte de ella? ¿Podemos practicar agricultura orgánica sin sentimientos, aplicando solamente métodos de sustitución tecnológica? ¿cambias folidol por neem, y asunto resuelto?
En nuestras relaciones con nuestros semejantes así como con nuestras especies asociadas, debemos abandonar la arrogancia del ignorante para adquirir la humildad del sabio. En nuestras sociedades monetarizadas, existen demasiados talentos dedicados a la reproducción ampliada del capital, y demasiado pocos a la construcción de las armonías. Queremos además a la agricultura orgánica como una manera de crecer las cualidades del corazón, la sensibilidad del alma, la libertad del espíritu. Todo lo contrario de lo que pasa cuando, como en Estados Unidos, gran parte del movimiento orgánico esta secuestrado por las tres doble Us (Walmart, Wall street, Whole foods).
¿Radicalismo todo esto? Desde luego. Es lo propio de la agricultura orgánica ser radical, es decir ir a las raíces. No usamos agroquímicos "ni tantito". Pero si nosotros somos los radicales, "ellos" son los extremistas (no es lo mismo), los que quieren lo más posible, lo más rápido posible, lo más barato posible, aunque se caiga el mundo.
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